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«A Chloe le gustaba Olivia... No os sobresaltéis. No os ruboricéis. Admitamos en la intimidad de nuestra propia sociedad que estas cosas ocurren a veces. A veces a las mujeres les gustan las mujeres. A Chloe le gustaba Olivia, leí. Y entonces me di cuenta de qué inmenso cambio repesentaba aquello. Era quizá la primera vez que en un libro a Chloe le gustaba Olivia» (Virginia WOOLF, Una habitación propia, primera edición, 1929 (Barcelona, 1989, pp. 112-113). |
I. SAFO |
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Me enamoré, Athis, de ti, hace mucho tiempo y me parecías sin gracia, como una pequeña niña. Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras. Como el viento desenfrenado que en las montañas cae sobre los bosques, el amor estremece mi ser. No puedo decidir: hay en mí dos almas. Hiciste bien en venir, pues te anhelaba y desfallecía por este deseo que incendia mi alma. (SAFO, Poemas, trad. C. Montemayor, Madrid, 1988, p. 59).
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II. IBN QUZMAN |
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Tengo un amado alto, blanco, rubio. ¿Has visto de noche la luna? Pues él brilla más Me dejó el traidor y luego vino a verme y saber mis nuevas: tapó mi boca, calló mi lengua, hizo como la lima con mis barruntos. ¡Qué dulce es este amor y qué amargo! ¡Qué feo el abandono, qué afrentoso! ¡Qué triste es ser amante y qué alegre! ¿Por qué falta abandonan al pobre amante? Me gustas, Wasqi, justo o injusto; veme ante ti como ante quien rige; sé engreído, cede, abandona, disparata; ten o no clemencia, sé turbio o diáfano. Dos seres me irritan: delator y censor pues tal no expele boca sensata; vano es a mis oídos lo que digan: sea Dios testigo, si lo repiten. Yo no sabía cuán suyo soy; al abrir la puerta y yo encontrarlo, «¡Dios grande!», dije, hermano, al verlo, como ha de decir quien ve el creciente. Dos fiestas hay en el año con que cuento. ¿Cómo he de olvidarte, querido, mi hijo, si entre tus labios está mi gusto? ¿Es saliva, pardiez, o agua y azúcar? (IBN QUZMAN -poeta cordobés del siglo XII-, Cancionero andalusí, ed. F. Corriente, Madrid, 1989, p. 61).
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III. SHAKESPEARE |
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¿Qué contiene el cerebro y qué escribe la tinta que no te haya expresado mi alma fiel? ¿O qué cosa queda aún por decir, qué más hay que hacer ver que declare mi amor a tu mérito amado? Nada, dulce muchado; pero igual que oraciones debo todos los días decir siempre lo mismo; porque es nuevo lo viejo, tú eres mío, yo tuyo, como cuando bendije ya hace tiempo tu nombre. Nuestro amor, que es eterno como amor juvenil, no le teme ni al polvo ni a la ofensa del tiempo, no permite que exista ni una arruga fatal: estará a su servicio la vejez como un paje. Veo amor tal cual fue, en su origen, en donde la apariencia y el tiempo quieren darlo por muerto. (William SHAKESPEARE, Sonetos, versión de Carlos Puyol, Granada, 1990, p. 159)
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IV. SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ |
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... Yo, pues, mi adorada Filis, que tu deidad reverencio, que tu desdén idolatro y que tu rigor venero: bien así, como la simple amante que, en tornos ciegos, es despojo de la llama por tocar el lucimiento; como el niño que, inocente, aplica incauto los dedos a la cuchilla, engañado del resplandor del acero, y herida la tierna mano, aun sin conocer el yerro, más que el dolor de la herida siente apartarse del reo; cual la enamorada Clicie que, al rubio amante siguiendo siendo padre de las luces, quiere enseñarle ardimientos; como a lo cóncavo el aire, como a la materia el fuego, como a su centro las peñas, como a su fin los intentos; bien como todas las cosas naturales, que el deseo de conservarse, las une amante en lazos estrechos. Pero ¿para qué cansarse? Como a ti, Filis, te quiero; que en lo que mereces, este es solo encarecimiento. Ser mujer, ni estar ausente, no es de amarse impedimento; pues sabes tú que las almas distancia ignoran y sexo. ... (SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ (S. XVII), «Poema a la Virreina», fragmento. Obras selectas, Madrid, 1976, p. 403).
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V. LORCA |
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Noche arriba los dos con luna llena, yo me puse a llorar y tú reías. Tu desdén era un dios, las quejas mías momentos y palomas en cadena. Noche abajo los dos. Cristal de pena, llorabas tú por hondas lejanías. Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena. La aurora nos unió sobre la cama, las bocas puestas sobre el chorro helado de una sangre sin fin que se derrama. Y el sol entró por el balcón cerrado y el coral de la vida abrió su rama sobre mi corazón amortajado. (Federico GARCÍA LORCA, Sonetos del amor oscuro, ed. J. Ruiz Portella, Madrid, 1995, 38). |
VI. CERNUDA |
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Te hubiera dado el mundo, Muchacho que surgiste Al caer de la luz por tu Conquero, Tras la colina ocre, Entre pinos antiguos de perenne alegría. ¿Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más Que las aguas henchidas con su aliento, Encauzadas en río sobre tu tierra abierta, Bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más Tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; Eras forma primera, Eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, Eran la vida misma, Como ardiente flor Nutrida con la savia De aquella piel oscura Que infiltraba nocturno escalofrío. Si el amor fuera un ala. La incierta hora con nubes desgarradas, El río oscuro y ciego bajo la extraña brisa, La rojiza colina con sus pinos cargados de secretos, Te enviaban a mí, a mi afán ya caído, Como verdad intangible. Expresión armoniosa de aquel mismo paraje, Entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro mundo, Eras tú una verdad, La verdad que busco, Más que verdad de amor, verdad de vida; Y olvidando que sombra y pena acechan de continuo Esa cúspide virgen de la luz y la dicha, Quise por un momento fijar tu curso ineluctable. Creí en tí, muchachillo. Cuando el mar evidente, Con el irrefutable sol de mediodía, Suspendía mi cuerpo En esa abdicación del hombre ante su dios, Un resto de memoria Levantaba tu imagen como recuerdo único. Y entonces, Con sus luces al violento Atlántico, Tantas dunas profusas, tu Conquero nativo, Estaban en mí mismo dichos en tu figura, Divina ya para mi afán con ellos, Porque nunca he querido dioses crucificados, Tristes dioses que insultan Esa tierra ardorosa que te hizo y deshace. (Luis CERNUDA, La realidad y el deseo, Méjico, 1958, 107-108).
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VII. GIL DE BIEDMA |
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Las horas no han pasado, todavía, y está mañana lejos igual a un arrecife que apenas yo distingo. Tú no sientes cómo el tiempo se adensa en esta habitación con la luz encendida, como está fuera el frío lamiendo los cristales... Qué deprisa, en mi cama esta noche, animalito, con la simple nobleza de la necesidad, mientras que te miraba, te quedaste dormido. Así pues, buenas noches. Ese país tranquilo cuyos contornos son los de tu cuerpo da ganas de morir recordando la vida, o de seguir despierto -cansado y excitado- hasta el amanecer. A solas con la edad, mientras tú duermes como quien no ha leído nunca un libro, pequeño animalito: ser humano -más franco que en mis brazos-, por lo desconocido. (Jaime GIL DE BIEDMA, Las personas del verbo, Barcelona, 1994, 164).
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VII. RICH |
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Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva del tiempo me dice que ya no somos jóvenes. ¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte, con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno? ¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada? Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí. Son eternos tus ojos, verde destello de hierba salvaje refrescada por la vertiente. Sí. A los veinte creíamos ser eternas. A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites. Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana, y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir, y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir. (Adrienne RICH, Antología poética 1951-1981, trad. M. Díaz-Diocaretz, Madrid, 1986, 86-87). |
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Objetivos de la actividad: Presentar al alumn@ el tema del amor homosexual como una parte importante de la literatura amorosa de todos los tiempos, que ha sido silenciada, frecuentemente, en la transmisión y aprendizaje de la cultura. Dar a conocer al alumn@ la existencia de importantes obras de la poesía amorosa universal escritas por autores que han vivido experiencias homosexuales u homoeróticas. De forma específica, dar a conocer obras de la literatura española que forman parte del patrimonio cultural que el alumn@ debe aprender a apreciar. Se ha elegido la poesía por ser un género especialmente apropiado para la expresión del sentimiento amoroso. El conocimiento de estos ejemplos literarios revelará que el amor homosexual no es un amor de «menor categoría» o «calidad» que el amor heterosexual, combatiéndose, de este modo, el estereotipo que caracteriza al homosexual por una conducta sexual desligada de sentimiento amoroso (por el contrario, ligado a un sentimiento egoísta, homosexualidad = perversión), o de toda búsqueda de comunicación y afectividad en la relación sexual. |