"¿PESETA ROSA?"
El pasado 7 de febrero un artículo de El
País recogía una noticia que parece estar
muy en boga en los últimos tiempos: el supuesto mayor nivel
de renta de la población homosexual respecto de la heterosexual;
también su gasto en discos, libros o cine sería mayor, al
igual que la disponibilidad de ordenadores o conexión a
Internet. La fuente del estudio es, según el artículo, una
encuesta insertada en revistas especializadas, se entiende
que dirigidas a un público homosexual. Pues bien, creo que
esa conclusión no es más que una manipulación interesada
de unos datos mal interpretados.
El propio artículo al que nos referimos mencionaba la existencia
de otros datos en Estados Unidos provenientes de un estudio
realizado por la National Gay
and Lesbian Task Force (NGLTF). Pasamos a desarrollar alguno de ellos.
El origen de tan polémicas afirmaciones se
debe a la publicación en el Wall
Street Journal (18 julio de 1991) de los
datos de un estudio realizado ese mismo año por una empresa
de investigación de mercados, Simmons
Market Research Bureau; estos datos revelaban
un mayor nivel de renta media disponible para gais y lesbianas
respecto de la población heterosexual. Sin embargo, resulta
evidente que las encuestas en que se basa el estudio adolecen
de una condición imprescindible para ser riguroso: el que
la muestra sea aleatoria, pues, al igual que el informe
español, se basaba en encuestas hechas a lectores de revistas
gais. Por lo tanto, los resultados de la encuesta nos ofrecerían
el perfil de consumo del lector de revistas gais, que en
ningún caso podía considerarse extrapolable a toda la población
gai o lesbiana. ¿O es que acaso el nivel económico del lector
del periódico económico Cinco
Días, por poner un ejemplo, es representativo
del español/a medio, o el nivel cultural medio del lector/a
del periódico catalán Avui
representativo del nivel cultural del habitante de Cataluña?
No creo que nadie defendiera esos postulados, pues igual
en el caso homosexual.
Sólo las encuestas basadas en muestras aleatorias
serían representativas. En los Estados Unidos, por ejemplo,
las hechas a pie de urna o las entrevistas anónimas realizadas
en la calle o por teléfono, en las que se disponga de datos
de renta tanto de personas homosexuales como heterosexuales.
Y estos estudios, según el informe de la NGLTF (Badget, M. V., Ph. D.: Income
Inflation, The myth of affluence among gay, lesbian and
bisexual America, 1998), muestran
que en el primer lugar de renta se sitúan los hombres heterosexuales,
luego los hombres gais y las mujeres heterosexuales y por
último las mujeres lesbianas, algo que parece confirmar
el hecho de que la discriminación revierte siempre en un
nivel de renta menor, algo que ya era conocido en el caso
de las mujeres.
Respecto al hecho de que los gais masculinos
formen parejas de dos sueldos, a ello sólo cabe oponer,
y suena casi redundante, que eso sólo se cumple para los
gais masculinos que viven en pareja y que no recoge por
tanto el nivel económico que poseen, por ejemplo, los jóvenes
gais y lesbianas, algunos de los cuales ante la presión
de la violencia psicológica de la familia y su entorno social,
abandonan sus casas y estudios y comienzan una difícil vida
sin el apoyo familiar. Igualmente no se cumple para las
mujeres lesbianas que por ser mujeres han de sufrir una
tasa de paro que dobla a la masculina además de ser víctimas
de una diferencia negativa salarial de hasta un 30% respecto
de sus compañeros masculinos, según varios estudios. A ello
suman las personas homosexuales, tanto mujeres y hombres,
los posibles efectos sobre su renta de la discriminación
laboral por orientación sexual. Existen estudios que analizan
cómo la discriminación sexual puede llevar incluso a la
exclusión social (GLENN / Nexus:
Poverty, lesbians and gay men - The Economic & Social
Effects of Discrimination, The Combat Poverty Agency;
Dublin (Ireland), 1995).
Asimismo las encuestas de Simmons Market Research Bureau han sido frecuentemente
utilizadas en Estados Unidos por la derecha cristiana para
fomentar el odio hacia los homosexuales. Incluso un juez
del Tribual Supremo americano, Antonin Scalia, en una reciente
sentencia, considerada clave para gais y lesbianas (Romer
v. Evans), utilizó estos datos para negar
la necesidad de leyes antidiscriminatorias en el caso de
la orientación sexual ya que el alto nivel de renta disponible
del colectivo homosexual le proporcionaba un "poder político
desproporcionado".
Por lo tanto nos parece que conclusiones
como las expuestas en este tipo de análisis sólo benefician
a una minoría y no reflejan de ninguna manera la verdadera
realidad de muchos gais y lesbianas que han de enfrentarse
con situaciones de discriminación que influyen en su nivel
de bienestar. Sinceramente, nos parece una irresponsabilidad
la generación de estos datos tan poco contrastados, pues
puede que a algunos les haga aumentar la cuenta de resultados
pero a la vez contribuyen a sembrar la semilla de la incomprensión
y la desconfianza de la sociedad en un futuro.
La descabellada idea de la "peseta rosa"
es además fomentada por algunos gais españoles, incluidos
no pocos activistas, que defienden fervientemente la implantación
del modelo americano de "comunidad gay", que responde
a la lógica social del neoliberalismo, negador de toda solidaridad,
confiados en que la formación de un poderoso "lobby gay"
basado en el poder del dinero les procurará sus derechos.
Merece la pena reflexionar sobre la experiencia de los Estados
Unidos, donde parece que la tendencia es que la discriminación
degenere en abierta violencia contra los homosexuales, como
el caso del estudiante Mathew Shepard, asesinado el pasado
octubre. Esta implantación viene acompañada también de la
creación de su propio "ghetto gay", como lo llaman
sin complejos en los Estados Unidos.
En nuestro propio país, en la "disneylandia
rosa" del madrileño barrio de Chueca, el agua se paga
a precio de whisky y el whisky a precio de champagne, lo
que no deja de tener su lógica, pues así ocurre en todos
los parques temáticos del mundo. Sorprende sin embargo la
actitud de un cierto sector progre y algo desorientado
que parece creer que todo lo gai es bueno sin darse cuenta
de que en el "barrio gay" de Chueca hay tanto racismo,
machismo o explotación económica como pueda haber en cualquier
otro barrio de Madrid. Una representante de una conocida
marca de bebidas declaraba hace poco a la revista Tiempo
"tenemos marcado un público objetivo de 25 a 35 años,
y dentro de ese target no despreciamos a nadie: clase social
media alta ó alta, que sale, a la que le gusta tomar copas,
estar con amigos...Evidentemente dentro de ese público objetivo
está la comunidad gay". Y es que cada vez más "comunidad
gay" parece significar hombre de 25 a 35 años, de profesión
liberal, con altos ingresos y con un determinado estilo
de vida, dejando fuera a todo el resto de los gais y lesbianas.
La clave es pues, no confundir la magnesia con la gimnasia.
No confundir la "comunidad gay" con los gais y las
lesbianas. No creer que las personas se pueden simplificar
y manejar como nichos de mercado. Por favor, no se confundan.
Carlos Hernández,
Coordinador del Equipo Político de la Fundación Triángulo.
Un trabajo realizado por el Gabinete de Estudios
y Publicaciones de la Fundación Triángulo, 1998.
triangulo-gep@retemail.es
La Fundación Triángulo es una institución
independiente dedicada a promover la igualdad social de
gais y lesbianas. Su carácter de asistencia social ha sido
reconocido por el Ministerio de Asuntos Sociales [O.M. del
29.03.96; B.O.E. 24.04.96].
Esta página ha sido actualizada el 20 de noviembre
de 1999, aniversario de la creación de Fundación Triángulo
- Valladolid.
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